31 mayo 2007
24 mayo 2007
Secreto
Fotografía: Alexey Nikishin
Nos pusimos de acuerdo.
Yo esperaba sin prisa por la esquina,
me hacía el despistado,
hablaba con el niño y los borrachos,
encendía un cigarro o compraba el periódico.
Aparenté no verte
llegar casi sin prisa,
arreglarte un momento en el descapotable,
abrir la puerta,
subir hasta el segundo.
Yo despisté al portero de las barbas rojizas,
y allí,
sin los silencios
del joven que se enfrenta,
sin tu arbolado anillo de goleta
que surca el matrimonio,
a pesar de tus pieles y mi piel,
nos pusimos de acuerdo.
Luís García Montero
18 mayo 2007
El adultero

El adúltero se despidió con un beso de su mujer, bajó en el ascensor hasta el portal y, tras subir de nuevo cautelosamente por las escaleras, golpeó con los nudillos la puerta de la vivienda pegada a la suya. Le abrió la adúltera, conteniendo la risa. El adúltero dejó el maletín en el suelo y se aflojó la corbata.
-Es increíble- dijo dejándose caer en el sofá- estar tan lejos y tan cerca de casa al mismo tiempo. Recuérdame dentro de un rato que llame a mi mujer desde Barcelona. Teóricamente tenía que coger el puente aéreo de las 8.30. ¿Y tu marido?
- Se ha ido a Barcelona también. A lo mejor os encontráis en el avión, je, je.
…
Juan José Millás.- Cuentos de adúlteros desorientados.
14 mayo 2007
09 mayo 2007
Vuelve
amada sensación, vuelve y tómame
cuando del cuerpo la memoria se despierta,
y un antiguo deseo vuelve a pasar por la sangre;
cuando los labios y la piel recuerdan
y las manos sienten como que tocan otra vez.
Vuelve a menudo y tómame en la noche,
cuando los labios y la piel recuerdan...
Constantino Cavafis (1863-1933)
Constantino Cavafis (1863-1933)
05 mayo 2007
Soneto del amor oscuro
Fotografía: Irene HoppeLa otra noche, después de la movida,
en la mesa de siempre me encontraste
y, sin mediar palabra, me quitaste
no sé si la cartera o si la vida.
Recuerdo la emoción de tu venida
y, luego, nada más. ¡Dulce contraste,
recordar el amor que me dejaste
y olvidar el tamaño de la herida!
Muerto o vivo, si quieres más dinero,
date una vuelta por la lencería
y salpica tu piel de seda oscura.
Que voy a regalarte el mundo entero
si me asaltas de negro, vida mía,
y me invaden tu noche y tu locura.
Luís Alberto de Cuenca




